miércoles, 2 de abril de 2008

Hábitat y Ecosistema

La población de Tortugas Charapas, recorre grandes distancias ocupando diferentes hábitats acuáticos, lagos, lagunas, esteros, morichales, e incluso caños que recorren en búsqueda de su alimento.
Tienen una dieta omnívora “oportunista”, aprovechan la proteína de origen animal (sea fresca o no), comen larvas e insectos, frutos y también plantas urticantes.
En las etapas juveniles habitan en lagos, caños y esteros. Al alcanzar una talla promedio de 40 cm (que estaría alrededor de los diez a doce años) la hembra es madura sexualmente y empieza a desovar en las playas.
Una hembra ponedora puede recorrer cientos de kilómetros entre las diferentes temporadas de aguas bajas y altas de los grandes ríos. Dado que posee una estructura denominada espermateca es posible que los apareamientos sean múltiples, y cabe también la posibilidad de que almacene espermatozoides durante un tiempo suficiente para no requerir apareamientos anuales.
La charapa necesita las playas de los grandes ríos de aguas blancas para desovar. En promedio deposita de 60 a 100 huevos.
El nido cavado consta de dos cámaras: una más profunda, donde van los huevos, permaneciendo allí unos 40 a 50 días, y otra superior, donde las tortuguitas, ya eclosionadas, pasan unos 30 días.
Una vez terminado el proceso, las pequeñas tortugas pasan una noche muy fría y lluviosa, y abriendo finalmente el nido, se lanzan en carrera por la arena hacia la relativa seguridad del río. En tales circunstancias miden unos 5 cm y pesan de 23 a 35 gramos.
Hábitat Léntico

Los ecosistemas de las aguas inmóviles, llamados lénticos (los estanques y lagos de agua dulce), comprenden una zona de aguas poco profundas a lo largo de la costa; una zona de aguas abiertas superficiales que se extiende hasta la profundidad en la que la luz resulta insuficiente para que pueda producirse la fotosíntesis; una zona de aguas profundas sobre las que flota el agua más caliente y menos densa; y una zona de fondo compuesta de sedimentos y fango, donde se produce la descomposición.

La zona de aguas poco profundas, las marismas, están dominadas por la vegetación sumergida, flotante y emergente, entre la cual abunda la vida.
Por ejemplo, bajo una verde capa de lentejas de agua flotantes viven desmidiáceas, protozoos, diminutos crustáceos, hidras, y caracoles.
Las larvas de libélula, los coleópteros buceadores, los lucios y los peces sol son algunos de los organismos que encuentran alimento y protección en los lechos vegetales.
En los carrizales y otras plantas emergentes anidan y se alimentan especies como los mirlos, los chochines de pantano, las ratas almizcleras, y los topillos de agua.

En las aguas abiertas, el plancton vegetal y las algas verdes filamentosas aportan la mayor parte de la energía usada por los ecosistemas lénticos. En esta capa rica en alimentos, el plancton animal, rotíferos, copépodos y cladóceros, se alimenta del plancton vegetal.

En la zona de aguas profundas, la vida se ve afectada por la temperatura y la cantidad de oxígeno disuelto.
En los lagos fríos donde, el oxígeno es suficiente, las truchas y el plancton pueden habitar en las profundidades.
En la zona del fondo, el barro y el agua adyacentes carecen a menudo de oxígeno debido a la descomposición de la materia orgánica. La vida del fondo puede incluir efímeras cavadoras, larvas de quironómido y protozoos, que se alimentan de la materia orgánica y son capaces de vivir con poco oxígeno.

La vida en ríos y arroyos


En las zonas de cabecera, los animales deben tolerar tanto el frío como la turbulencia de la corriente. Algunos organismos, en especial los más pequeños, tienen ganchos y ventosas para fijarse a las rocas; la mayoría tiene forma hidrodinámica para evitar ser arrastrados.

Los organismos de natación libre viven en las zonas de poca corriente, en especial en los tramos bajos, el curso lento de la corriente, especialmente el tramo bajo, donde la anchura del cauce produce áreas de aguas lentas en las orillas.


Ecosistema


La cantidad, variaciones y regularidad de las aguas de un río son de enorme importancia para las plantas, animales y personas que viven a lo largo de su curso.

Los ríos y sus llanuras de inundación sostienen diversos y valiosos ecosistemas, no sólo por la capacidad del agua dulce para permitir la vida sino también por las abundantes plantas e insectos que mantiene y que forman la base de las cadenas tróficas.

En el cauce de los ríos, los peces se alimentan de plantas y los insectos son comidos por aves, anfibios, reptiles y mamíferos. Fuera del cauce, los humedales producidos por filtración de agua e inundación albergan entornos ricos y variados, no sólo importantes para las especies autóctonas, sino también para las aves migratorias y los animales que utilizan los humedales como lugar de paso en sus migraciones estacionales.

Los ecosistemas de los ríos (fluviales) pueden considerarse entre los más importantes de la naturaleza y su existencia depende totalmente del régimen de los mismos. Por lo tanto, se debe tener gran cuidado para no alterar este régimen al actuar sobre el río y su cuenca, ya que una gestión poco responsable de los recursos del agua o su sobreexplotación pueden tener efectos desastrosos para el ecosistema de ribera.